Los vemos en las esquinas de nuestras calles extendiendo sobre unas mantas los cedés con mirada intranquila a la espera de la aparición de los hombres de azul. Aquellos que no hace mucho dirigían el tráfico y estaban al servicio de la ciudadanía, su misión actual es la alternancia entre arrancar carteles subversivos deteniendo, si fuese posible, a los que los colocan y la persecución de terribles delincuentes que, careciendo de papeles, malviven con la venta ambulante y, al decir de la SGAE, van a acabar con la cultura y el arte.
Carecer de papeles se ha convertido en uno de los peores delitos que un ser humano pueda cometer. Eso y ser pobre, claro está. Lo que no sabemos es que el terrible crimen de vender un cd grabado está penado en el código español con hasta 3.000 euros de multa, dos años de prisión y una expulsión por diez años del espacio Schengen, así se llama al territorio de la Unión Europea que facilita la libre circulación interna sin controles fronterizos para los europeos y endurece el control de las fronteras exteriores a la UE. A la par que caía el muro de Berlín se alzaban los muros que debían contener la inmigración de africanos y latinoamericanos que no resultasen rentables para algún empresario europeo.
Por vender cedés el año anterior pasaron por la cárcel casi seiscientos subsaharianos. Ciento veintisiete permanecen en ella.
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